
AutoresDr. Federico Yandiana Dra. Martina WildaDra. Lucía Facala
Cita: slanh.net/redira
CONCLUSIONES
Conocer los mecanismos de daño renal asociados a la EII permite un abordaje integral y reduce la iatrogenia derivada de suspender de forma intempestiva fármacos inmunosupresores o inmunomoduladores con beneficio probado sobre esta enfermedad.
Frente a una IRA en estos pacientes, la evaluación debe ser secuencial: primero descartar etiología hemodinámica u obstructiva, y luego valorar el sedimento urinario y considerar la realización de una punción biópsica renal. El hallazgo histopatológico orienta sobre la reversibilidad del daño y condiciona la estrategia terapéutica. Cuando el patrón es de inflamación aguda, la interpretación clínica debe priorizar tres posibilidades no excluyentes:
- Vinculado a toxicidad por fármacos.
- Vinculado a una MEI activa.
- Concomitancia de una glomerulopatía en un paciente con EII.
En el primer caso, corresponde suspender o rotar el fármaco sospechoso y coordinar con gastroenterología el ajuste del esquema de tratamiento para la EII. En la segunda, el control de la actividad intestinal mediante intensificación u optimización del tratamiento específico suele traducirse en mejoría renal. En la tercera, el manejo debe ser dirigido a la glomerulopatía del paciente, con inmunosupresión acorde al diagnóstico glomerular, junto con la revisión del plan terapéutico de la EII para minimizar nefrotoxicidad y eventos adversos.
Este enfoque, sustentado en la integración clínica, de laboratorio e histológica y en la coordinación estrecha entre nefrología y gastroenterología, favorece decisiones individualizadas, evita retiros injustificados de tratamientos eficaces y contribuye a mejorar los resultados renales y globales de los pacientes con EII.
